Una simple noticia sirvió para crear una historia que cambiaría para siempre el cine de terror, una historia que ningún estudio de Hollywood quería financiar. Así es como unas pesadillas reales inspiraron la creación de un icono del terror: Freddy Krueger.

Todos conocemos al malvado Freddy Krueger, al igual que la macabra y ficticia historia de Elm Street, que en Colombia la conocimos como Pesadilla sin Fin, pero pocos saben que la idea de alguien que mata a adolescentes en sueños proviene de una aterradora historia real.

En la década de 1970, varios periódicos publicaron noticias sobre un síndrome conocido como la «Muerte Asiática», un problema que, durante aquellos años, afectó a refugiados de Laos, Camboya y Vietnam que habían llegado a Estados Unidos escapando de los campos exterminio.

Estas personas habían conseguido huir de la guerra y el genocidio, pero el impacto y el estrés postraumático que aquellos episodios habían causado en sus vidas, provocó que algunos de ellos comenzaran a sufrir inquietantes pesadillas, por lo que muchos se negaban a dormir.

Entre todos los artículos publicados por los periódicos, Wes Craven, el creador de Elm Street, leyó uno en el diario Los Angeles Times, donde un adolescente les había contado a sus padres que tenía miedo a dormir y que si lo hacía, la cosa que lo perseguía lo atraparía.

Para evitarlo, este joven trató de permanecer despierto durante varios días seguidos hasta que, finalmente, se durmió. Sus padres pensaron que la crisis había terminado, hasta que escucharon gritos en medio de la noche.

Pero cuando llegaron a la habitación de su hijo, estaba muerto. Había fallecido durante aquella pesadilla.

La idea de un joven teniendo graves pesadillas mientras sus mayores negaban que pudiera pasarle nada, se convirtió en la línea central de «Pesadilla en Elm Street», que Wes Craven comenzó a escribir en 1981.

Cuando terminó el guion, se lo presentó a varios estudios, pero todos lo rechazaron. En Disney querían que la película pudieran verla niños y adolescentes, sin embargo, Craven se negó.

Paramount Pictures la rechazó debido a su similitud con Dreamscape y Universal Studios le contestó diciéndole que era una auténtica basura

Hasta que, por fin, encontró un estudio dispuesto a apostar por él: New Line Cinema, que realmente no rodaba ni producía películas, sino que tan solo las distribuía.

A pesar de todos los problemas que surgieron durante el rodaje, Pesadilla en Elm Street fue un éxito, haciendo que desde entonces el estudio fuera conocido como: «El estudio que construyó a Freddy».