En 1533, en un pequeño principado alemán, nació una joven cuya vida parece sacada de un cuento.
Tenía una madrastra poderosa, trabajaba rodeada de mineros y murió envenenada con apenas 21 años. Hay quien afirma que fue la verdadera Blancanieves.

Se llamaba Margaretha von Waldeck y era hija de un conde de la región de Hesse. Su madre murió cuando ella era niña y su padre se volvió a casar. La nueva condesa no la quería cerca, así que la envió lejos, a vivir a otra ciudad.

En esa región, las minas de cobre y plata empleaban a niños pequeños para trabajar en los túneles más estrechos. Su baja estatura y su aspecto envejecido por la dureza del trabajo inspiraron, según algunos, la idea de los “siete enanitos”.

Margaretha creció siendo conocida por su belleza, lo que atrajo a pretendientes de alto rango, incluido un príncipe heredero de España, pero su relación fue mal vista en la corte y empezó a ganarse enemigos poderosos.

En 1554, cuando tenía solo 21 años, murió envenenada en circunstancias misteriosas. Muchos sospecharon que su muerte había sido ordenada por motivos políticos. La historia empezaba a sonar inquietantemente parecida a un cuento.

Más de un siglo después, en 1725, nació otra joven alemana cuya vida también tendría ecos del mismo relato: Maria Sophia von Erthal, en la ciudad de Lohr am Main, famosa por su industria de espejos.

Su padre era director de una fábrica, y en su casa había un gran espejo parlante (un juguete), que era capaz de proyectar la voz y que algunos creen que inspiró el famoso “Espejito, espejito, ¿quién es la más bella?”.

Maria Sophia perdió a su madre y tuvo una madrastra influyente, conocida por su carácter dominante. En la región abundaban los manzanos, y la historia local empezó a unir piezas con el relato popular de Blancanieves.

Ambas biografías fueron vinculadas al cuento por investigadores modernos. La teoría de Margaretha encajaba con el trasfondo minero y la muerte por envenenamiento. La de Maria Sophia jugaba con el detalle del espejo y la figura de la madrastra.

Los hermanos Grimm publicaron Blancanieves en 1812. Nunca dijeron en quién se habían inspirado, pero recogieron relatos orales que circulaban desde hacía siglos, mezclando elementos de distintas leyendas.

Para los expertos, la conexión con estas mujeres es más una construcción romántica que una certeza histórica. Sin embargo, en sus ciudades natales siguen reivindicando el vínculo como parte del patrimonio local.

En Lohr am Main, el castillo de Maria Sophia es ahora un museo que exhibe el famoso espejo. En Hesse, la historia de Margaretha es contada como un drama de amor y veneno, con mineros-niños como protagonistas secundarios

Lo curioso es que estas historias reales llegaron a oídos del gran público solo en el siglo XX, siglos después de la muerte de ambas y mucho después de la publicación del cuento de los Grimm.

Hoy, las figuras de Margaretha von Waldeck y Maria Sophia von Erthal siguen compitiendo por el título de “verdadera Blancanieves”, aunque probablemente el personaje sea una suma de muchas leyendas.