Superman no fue creado en una empresa, sino en una habitación modesta por dos jóvenes que soñaban con la justicia y quizá por eso sigue siendo eterno, porque nació del deseo más humano de todos, el de que el bien prevaleciera.

A principios de los años 30, en un barrio de Cleveland, un joven soñaba con un hombre que pudiera cambiar el mundo, un héroe que protegiera a los débiles y detuviera la injusticia. Aquel joven se llamaba Jerry Siegel y de su imaginación nació Superman.

Jerry Siegel era hijo de inmigrantes judíos que habían huido de los disturbios antisemitas en Europa del Este. Creció escuchando historias de persecución y pérdida, y por eso imaginó a un ser llegado de otro lugar, diferente, pero con un extraordinario propósito: hacer el bien.

En 1933, con 18 años, Siegel escribió un relato titulado The Reign of the Superman. En esa primera versión, “Superman” era un villano con poderes mentales que dominaba a los demás, pero luego cambió radicalmente la idea.

Decidió que su superhombre no sería un tirano, sino todo lo contrario, un símbolo de justicia. Sería un hombre con fuerza extraordinaria que usaría su poder solo para ayudar. Pero para eso necesitaba a alguien que lo dibujara.

Su amigo Joe Shuster, hijo de inmigrantes canadienses, le dio forma: capa roja, traje azul, una S en el pecho y un peinado impecable. Y para su nombre, Clark Kent, se inspiraron en dos actores de cine en boga en aquella época: Clark Gable y Kent Taylor.

Ambos compartían algo más que un sueño, el sentimiento de exclusión. Como muchos hijos de inmigrantes, se veían distintos y desplazados, y por eso su héroe también sería un forastero, un hombre llegado de otro planeta, Krypton, criado entre humanos.

El relato de Superman reflejaba sus raíces judías, ya que, como Moisés, fue enviado por sus padres a un mundo extraño para sobrevivir. Como Sansón, tenía fuerza sobrehumana. Y como Hércules, luchaba por los débiles.

Entre 1934 y 1938 ofrecieron el personaje a varias editoriales, pero todas lo rechazaron, hasta que DC Comics compró los derechos en 1938 por apenas 130 dólares. Ninguno de los dos imaginó que acababan de cambiar la historia de la cultura popular.

El 18 de abril de 1938, Superman apareció por primera vez en Action Comics #1. Todavía no volaba, solo saltaba grandes distancias, pero simbolizaba algo mucho más grande, la esperanza en un tiempo de crisis.

Estados Unidos vivía la Gran Depresión, y Superman se convirtió en el reflejo de lo que todos deseaban, alguien incorruptible, poderoso y justo, un héroe que demostraba que el bien aún podía ganar.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Superman se transformó en un símbolo del ideal americano, ya que luchaba contra dictadores, saboteadores y tiranos, así que se convirtió en una figura de esperanza para millones de lectores y soldados.

Siegel y Shuster, sin embargo, nunca recibieron derechos de autor. Mientras DC ganaba millones, ellos trabajaban como empleados anónimos. Aun así, siguieron defendiendo a su personaje con dignidad.

En los años 70, una campaña pública logró que la editorial les reconociera oficialmente como creadores y les concediera una pensión vitalicia. Jerry Siegel dijo entonces: “Superman siempre fue la fantasía de que los buenos pueden ganar sin volverse crueles.”

El mito evolucionó, pero su esencia no cambió. Superman era un inmigrante, un huérfano, un hombre con poder que elegía usarlo para proteger, no para dominar, un reflejo del propio Siegel: frágil, soñador y moralmente invencible.