Después de ocho meses lejos del ‘Metro’, el Junior regresó al estadio el 24 de septiembre para probar por primera vez la nueva grama híbrida. El equipo volvió a entrenar en el escenario que ha sido parte de sus grandes historias.

El primer balón que rodó sobre la nueva cancha no llegó acompañado de un gol ni de una celebración. Llegó con un pase corto, una carrera y una práctica de fútbol.

El jueves 24 de septiembre, el plantel rojiblanco regresó al escenario después de ocho meses de ausencia. Esta vez no había partido oficial ni miles de aficionados en las tribunas. El objetivo era otro: conocer el nuevo terreno de juego y probar la grama híbrida que ahora hace parte de la renovación del estadio.

Los jugadores comenzaron a recorrer una superficie que será su nuevo escenario cuando el ‘Metro’ vuelva a abrir completamente sus puertas al fútbol.

Durante estos meses, el Junior había tenido que trasladar parte de su actividad al Romelio Martínez, mientras el Metropolitano avanzaba en un proceso de transformación que alcanzó diferentes espacios del escenario.

Por eso, aquel entrenamiento tuvo una imagen que para los hinchas resultaba familiar y, al mismo tiempo, nueva: la camiseta rojiblanca otra vez sobre el césped del ‘Metro’.

La práctica permitió al equipo conocer las condiciones de la nueva superficie y al cuerpo técnico observar cómo respondía durante el trabajo habitual de los futbolistas.

Entre quienes regresaron estuvo Sebastián Viera, ahora como entrenador, después de haber vivido durante años ese mismo estadio desde el arco. También estuvieron jugadores como Teófilo Gutiérrez y Luis Fernando Muriel, que tuvieron su primer contacto con la nueva cancha.

El Metropolitano todavía mostraba señales de que las obras no habían terminado. Algunas zonas continuaban en proceso de adecuación mientras el escenario se preparaba para recuperar toda la actividad que durante años lo convirtió en uno de los grandes puntos de encuentro deportivo de Barranquilla.

Faltaba lo más importante: la gente. Faltaban las tribunas rojiblancas, los cánticos, las banderas y ese momento en que miles de barranquilleros se levantan al mismo tiempo cuando el Junior encuentra el gol.

Pero el reencuentro ya había comenzado. El balón volvió a rodar donde el Junior quiere volver a jugar.
Y después de ocho meses, el Tiburón volvió a nadar en el Metropolitano.