La Gerencia de Ciudad asumió un papel central en el seguimiento de las primeras intervenciones impulsadas por la Alcaldía de Barranquilla para mejorar la experiencia de quienes llegan y salen de la ciudad.
Los baños, el calor en las salas de espera, las demoras en los controles y el deterioro de algunos espacios se convirtieron en parte de la primera impresión que recibían los viajeros al llegar al aeropuerto Ernesto Cortissoz. Ese fue el escenario que encontró la Alcaldía de Barranquilla cuando asumió temporalmente la administración del lado tierra de la terminal, en octubre de 2026.

En esa primera etapa, Ana María Aljure, entonces gerente de Ciudad, tuvo un papel protagónico en la coordinación y el seguimiento de las acciones para cambiar esa experiencia. La tarea no se limitó a las obras de infraestructura: también incluyó escuchar a pasajeros, trabajadores y taxistas, identificar problemas cotidianos y priorizar soluciones visibles.
Según el balance divulgado por la Administración distrital, entre el 1 y el 7 de octubre se adelantaron más de 20 frentes de trabajo. Entre las medidas anunciadas figuraron mejoras en la climatización, mantenimiento y dotación de los baños, reparación de vías de acceso, reposición de luminarias y nuevos elementos para agilizar el paso por los controles de seguridad.
La apuesta también buscó que el aeropuerto comenzara a reflejar la identidad de Barranquilla. La estrategia contempló muestras culturales, referencias al Carnaval, información turística y espacios con expresiones artísticas locales. A esto se sumó la capacitación de taxistas como orientadores turísticos, en articulación con el SENA, y la puesta en marcha de una ruta piloto de Transmetro desde el Portal de Soledad hasta la terminal aérea.

Aljure defendió la importancia de atender tanto los problemas estructurales como los detalles que percibe el pasajero desde su llegada. Por eso, además de hacer seguimiento a las intervenciones, la Gerencia de Ciudad incorporó la experiencia de los usuarios como insumo para identificar ajustes urgentes.
El desafío, sin embargo, va más allá de las primeras mejoras. La administración temporal del lado tierra no reemplaza las obras de modernización que ya estaban en marcha ni resuelve por sí sola todas las necesidades de la terminal. El reto es convertir las intervenciones iniciales en resultados sostenibles para viajeros, trabajadores y visitantes.

La Alcaldía ha planteado que el Cortissoz debe estar a la altura del crecimiento turístico, empresarial y cultural de Barranquilla. En ese primer tramo de la nueva etapa, Ana María Aljure fue una de las figuras encargadas de impulsar y vigilar que los cambios empezaran a sentirse en la experiencia diaria de quienes utilizan el aeropuerto.
La verdadera medida de esa transformación estará en lo que el pasajero encuentre cada vez que vuelva a cruzar sus puertas.



