Por Contadores de Historias

En un hospital infantil de Londres, donde cada segundo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, dos médicos descubrieron que el problema no estaba necesariamente en la capacidad de sus profesionales, sino en la manera como trabajaban juntos.

En el «Great Ormond Street Hospital», referente mundial en cardiopatías congénitas infantiles, los traslados de bebés recién operados desde el quirófano hasta cuidados intensivos se habían convertido en un momento crítico. Respiradores, medicamentos, monitores e información debían pasar de un equipo a otro con absoluta precisión. Sin embargo, pequeños errores terminaban acumulándose.

La solución apareció, curiosamente, frente a un televisor.

A finales de los años 90, los médicos Martin Elliott y Allan Goldman observaban un Gran Premio de Fórmula 1 cuando repararon en algo que les resultó familiar: una parada en boxes de Ferrari. Un grupo numeroso de personas intervenía simultáneamente sobre una máquina delicada, en un espacio reducido y bajo una enorme presión de tiempo. Pero allí todo estaba perfectamente coordinado.

Decidieron entonces hacer algo poco habitual: llamar a Ferrari.

Los médicos viajaron a Maranello para estudiar cómo se preparaba y ejecutaba una parada en boxes. Después, ingenieros de la escudería, encabezados por Nigel Stepney, visitaron el hospital para observar directamente el traslado de los pacientes. Su conclusión fue contundente: los profesionales eran excelentes individualmente, pero al equipo le faltaba una coreografía. No había un líder claro, el orden de las acciones podía cambiar y el ruido dificultaba la comunicación.

El hospital tomó entonces algunos principios de la Fórmula 1 y los llevó al quirófano. Se creó la figura de un «líder del traspaso», encargado de dirigir el procedimiento; se estableció una secuencia fija de acciones, se asignaron responsabilidades concretas, se impuso silencio durante la fase crítica y se incorporaron listas de verificación.

Los resultados fueron significativos. Un estudio publicado en 2007 encontró que los errores técnicos durante los traslados disminuyeron alrededor de un 42 %. Además, los casos en los que coincidían fallos de equipo y de información pasaron de cerca del 30 % al 10 %.

El dato importante es que el estudio no midió cuántas vidas se salvaron, sino cuántos errores dejaron de producirse. Y esa precisión también cuenta una historia: en sistemas donde no hay margen para equivocarse, mejorar la coordinación puede ser tan importante como tener a los mejores profesionales.

La experiencia trascendió aquel hospital. El caso llegó al Wall Street Journal, se convirtió en material de estudio en escuelas de negocios y otras escuderías, como McLaren y Williams, participaron posteriormente en iniciativas similares.

Hoy, aquella idea nacida de una parada de Fórmula 1 forma parte de procesos quirúrgicos en distintos lugares del mundo: alguien lidera, establece el orden, controla la comunicación y determina cuándo es seguro avanzar.

Una lección nacida en siete segundos de un pit stop terminó ayudando a que los equipos médicos trabajaran mejor cuando cada segundo cuenta.